Mis hijos estudiarán en castellano

Hace 12 años que vivo en España. Vengo de Uruguay, un pequeño país hermano con el que nos unen lazos culturales muy significativos.

Llegué en el año 2001, en el mes de agosto. Sólo tuve un mes de vacaciones antes de incorporarme a la escuela primaria en el CEIP Carles Faust, de Blanes (Girona). Tenía miedo, porque sabía que tendría que aprender un idioma nuevo y eso nunca es fácil. Antes de empezar el curso, la directora del centro se reunió con mis padres y les explicó el plan de integración para inmigrantes, y luego mis padres me lo explicaron a mí. Durante un tiempo, tendría que tomar clases extras de catalán durante 3 días a la semana, en horario lectivo, en una clase con 5 o 6 alumnos más. Me daba una pereza inmensa.

Con la ayuda de la profesora de catalán que me asignó el centro, y con la de los demás profesores y compañeros, logré aprender a hablar y a escribir en catalán en aproximadamente tres meses. Una vez acabadas esas clases de apoyo, me integré en la clase con total normalidad, y mis notas de ese curso fueron más que satisfactorias. Me sentí muy agradecido por toda la ayuda que me brindaron todos y cada uno de los que estuvieron a mi lado, y ellos se sintieron muy orgullosos de mí. Al final de ese curso, cuando le comuniqué a la directora del centro que me iba a una escuela más cercana a mi casa, se emocionó y le pidió a mis padres que no me marchara.

Pero no quiero que mis hijos pasen por eso. No quiero que mis hijos tengan que caminar durante minuto y medio tres veces a la semana para desplazarse a otra clase, con otra profesora, para aprender otro idioma. No quiero que mis hijos tengan acceso al enriquecimiento cultural que supone conocer una lengua nueva. No quiero que mis hijos se adapten a una tierra encantadora. No quiero que mis hijos sepan más. No quiero que mis hijos tengan la opción de trabajar en Catalunya. No quiero que mis hijos conozcan la literatura catalana, ni su historia. En pocas palabras, quiero negarles el acceso al aprendizaje.

¿Por qué? Porque soy un miserable egoísta.

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