El patito feo

El Citroen 2CV es un coche muy especial. En su época, fue uno de los coches más vendidos. Al menos en mi país, adoptó el nombre de “Patito feo”, ya que su diseño no era de lo más elegante. Sin embargo, es un coche que siempre me ha gustado.

Mario y Santiago son padre e hijo. Viven en la casa de Uruguay donde yo vivía antes de viajar hacia España. Son amigos de la familia, de toda la vida. La que ahora es su casa, está situada en un bonito y todavía poco urbanizado paraje de la costa, a muy pocos metros de la playa. A Mario le gusta salir a pescar, y a Santiago le gusta salir con sus amigos, pero hay una cosa que a ambos les encanta, y les une: los coches.
Ambos son fanáticos de los coches clásicos, y concretamente, del Citroen 2CV. Mario está reconstruyendo uno en casa para él, y Santi hace tres o cuatro años que hizo lo suyo con uno que, al comprarlo, parecía imposible de reparar.

Mientras yo estaba de vacaciones en Uruguay, pasaba mucho tiempo con ellos. Me fascinaba ver como, después de llegar de trabajar, se cambiaban de ropa, cogían las herramientas y salían fuera a hacer de un Chevrolet Impala viejo y oxidado un nuevo coche, dedicándole al día unas dos o tres horas.

Un buen día, Mario me pidió prestada mi cámara de fotos. Querían ir a la clasificación del Rally 19 Capitales Histórico, que se celebraba a pocos km. de casa. Ese rally recorre las 19 capitales de los departamentos (provincias) del Uruguay. Habían leído por Internet que ese año participaba un Citroen 2CV argentino, y estaban contentísimos con la noticia.
Cámara en mano, padre e hijo fueron al circuito, donde conocieron a Sergio, y a su padre, cuyo nombre no recuerdo. Ellos eran copiloto y piloto -respectivamente- del único Citroen 2CV del rally. Tras una breve charla, intercambiaron sus números de teléfono y Mario y Santi volvieron para casa.

El 2CV argentino.

Al día siguiente, los dos estaban pegados a la radio para escuchar la retransmisión del rally, mientras seguían trabajando con el Chevrolet, prácticamente desmontado por completo, en el parking de casa. Cuando la competición llevaba poco más de una hora en marcha, Mario recibió una llamada. Se trataba del piloto del 2CV argentino. Habían reventado el motor. Habían llamado a la grúa de asistencia del rally y estaban dispuestos a marcharse a Argentina, tras haber perdido el dinero de la inscripción, y la posibilidad de participar durante varios días en una experiencia inolvidable. Sin pensárselo dos veces, Mario, casi echándole la bronca, le pidió al piloto argentino que le trajeran el Citroen a su casa. Ya desesperados, y sin nada que perder, padre e hijo pidieron a la asistencia en carretera que dejara su 2CV en casa de Mario.

Aquí empezó una de las historias más alucinantes que he vivido en mi vida. Sin intercambiar casi palabras, Mario cogió sus herramientas y, mientras llamaba a un amigo suyo para contarle lo que pasaba, se puso manos a la obra. Los dos argentinos, atónitos, le preguntaron qué pensaba hacer. “Habrá que sacarlo” dijo Mario. Quería sacar el motor del coche, después de probar varias cosas. Al poco tiempo, ya eran varios los vecinos que se habían interesado por el caso, y habían venido a aportar sus conocimientos de mecánica, o simplemente a traer algún refresco para Mario y compañía. Al poco tiempo llegó Santiago, y con ayuda de dos amigos, retiraron por completo el motor del 2CV.

Yo mismo flipando con la situación.

El siguiente paso es el que más me sorprendió, tanto a mí, como a los pilotos argentinos: Mario se fue a por el motor de su propio 2CV, para cambiarlo por el que había dejado de funcionar. Mario no podía dejar que esa carrera se quedara sin un 2CV, así que hizo lo que él creía que tenía que hacer. Y aquí los tenéis, colocando un nuevo motor en el Citroen 2CV que había abandonado la carrera 5 horas antes.

Tres horas después, tras 8 horas de trabajo, y con el anochecer acechando, el 2CV de los Valero arrancó, y pudieron continuar su rally, el cual acabaron sin ningún problema técnico. Cuando el coche arrancó, el piloto sacó de su mochila una cantidad importante de dinero, se la ofreció a Mario, el cual se negó a aceptarla. “Ya me contarás la experiencia, el año que viene queremos hacer el rally nosotros” le dijo. No le cobró ni un dólar. Se pasó 8 horas cambiándole el motor del coche a un desconocido, le colocó su motor y le confió la parte más importante de su coche, sólo para que pudiera acabar de vivir esa experiencia con su hijo, y para que le contase qué tal había ido. Sin darme cuenta en ese momento, me encontraba ante uno de los pilares del desarrollo humano y social: la solidaridad. Por una pasión en común, una persona olvidó los prejuicios, la desconfianza, y toda esa basura que tenemos en la cabeza, y sólo pensó en ayudar. He tenido la oportunidad de verlo, y la verdad es que es cada vez más difícil.

Esta es simplemente una historia que me apetecía contar, no sé darle moraleja, no sé si os interesará o si es demasiado larga, pero a mi me conmueve todavía hoy, casi dos años después de haberla vivido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Mi Twinterg

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: